Automasaje cervical de cuello, hombros y trapecio

24.11.2016

¿El dolor de cuello te acompaña casi a diario? A mí también. El trabajo frente a la pantalla del ordenador, las malas posturas e ir cargada de aquí para allá todo el día pasan factura a mis cervicales. Por eso le dedico 5 o 10 minutos, cuatro o cinco días a la semana, a darme un automasaje cervical, ¡es un gran alivio para mis castigadas cervicales!

Automasaje cervical

Como ves, no hace falta dedicarle mucho tiempo, es suficiente con sacar unos minutos un día sí y otro no, por ejemplo. Tal vez antes de irte a la cama o después de ducharte, que es cuando más relajado estás.

Cualquier momento es bueno para que te des un automasaje cervical en el cuello, los hombros y la zona del trapecio. Conseguirás descargar los músculos de la región cervical y relajar la rigidez del cuello.

Eso sí, relájate y acompaña cada movimiento de una respiración correcta. Acuérdate de aspirar y espirar a un ritmo constante y adecuado, sin prisa.

Automasaje cervical, ¿cuándo es adecuado?

El automasaje cervical te puede ayudar a mantener a raya el dolor de cabeza, a mejorar dolencias como la cervicalgia, a tratar la rectificación cervical –o latigazo cervical– e incluso para controlar, si los sufres, vértigos y mareos.

Por supuesto, no es necesario que padezcas ningún tipo de patología en el cuello para sacar partido del automasaje cervical. Es estupendo para relajar la musculatura del cuello y reducir la rigidez.

El automasaje cervical en 5 pasos

Voy a enseñarte varios movimientos que puedes hacer para masajear los músculos del cuello y aquellos otros que, estando próximos, repercuten en el estado de tus cervicales.

Puedes elegir entre los diferentes ejercicios, no es necesario que los hagas todos. Tampoco tienes que seguir el orden en el que te los expongo.

Las series pueden ser de 15 o 20. Si los haces con una mano en lugar de con ambas a la vez, después tendrás que realizar el movimiento con la otra mano.

Primer movimiento

Desde el bulto que tienes debajo de la parte de atrás de las orejas, con los pulgares, lentamente, en profundidad, apretando, avanzas en horizontal hacia el centro del cuello.

Segundo movimiento

A este movimiento se le puede llamar de rascado. Con las uñas y las yemas, vas a masajear como si te rascaras.

Bien con una sola mano o con ambas, colocadas por detrás de la cabeza, haces el movimiento sin deslizar los dedos, como a saltitos. Del centro hacia las orejas.

Puedes pasar varias veces del centro de la cabeza hacia las orejas, teniendo cuidado con el nervio que pasa por la zona.

Si sientes dolor, continúa el movimiento un poco más lejos ya que es posible que te hayas topado con este nervio.

Tercer movimiento

Con ambas manos en la nuca, aprietas y abres como para separar los músculos. Puedes bajar hasta los trapecios haciendo este pinzamiento. La cabeza la puedes echar un poco hacia atrás.

Si lo haces con una sola mano, puedes girar la cabeza hacia el lado contrario. De esta manera, creas tensión en los músculos que vas a masajear. La mano irá desde la zona del trapecio hacia el cuello y el hombro.

Cuarto movimiento

Con una mano, buscas el ángulo de la escápula, por detrás del hombro. Cuando notes el músculo, masajea de delante hacia atrás con los dedos. Es un movimiento de poco recorrido, corto.

Quinto movimiento

Fijas las manos en las cervicales y dejas libre el pulgar. Este será el que se ocupe de masajear. Presionando desde la parte del cuello hacia la nuca, haces el recorrido desde el trapecio y el músculo angular de la escápula (del que te hablaba en el anterior ejercicio).

Otros músculos conectados

Aunque no parezca que están relacionados, los músculos pectorales también tienen que ver con el dolor cervical. Echarse hacia delante, como encogiendo los hombros, tira de las cervicales.

Se puede masajear buscando el hueco que tienes cerca del hombro. Una vez encuentras el hueco –o inserción-, masajéalo con las yemas de los dedos juntas, moviéndolas hacia arriba y hacia abajo, como en diagonal.

En el mismo punto –llamado coracoides-, desliza las yemas como si tiraras hacia el pecho, llevando, al mismo tiempo, el hombro hacia atrás. El cuello está estirado y un poco girado hacia el hombro contrario. El trabajo es en profundidad.

Prueba a realizar estos ejercicios de forma habitual, verás cómo consigues aliviar el dolor de cuello y la rigidez.

 

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