Dolor irradiado: sus causas y síntomas

28.12.2016

El dolor irradiado es un dolor defensivo. Como dolor nociceptivo, se ocupa de transmitir una señal de alarma al cerebro, que entenderá que nuestro organismo se encuentra ante una amenaza y debe reaccionar.

Los nociceptores actuarían alertando rápidamente a la médula espinal, por ejemplo,  al tocar una superficie demasiado caliente. Si al sacar una tarta de horno, sin darnos cuenta tocamos con el reverso de la mano una de las paredes, a más de 180º, éstos receptores sensitivos nos ayudarían a retirarla rápidamente, antes de que se produjeran consecuencias más graves. Sin embargo, a veces no funcionan bien. Es lo que sucede cuando la persona sufre de dolor referido, dolor irradiado o dolor reflejo.

 

Por qué aparece el dolor irradiado

Las personas que sufren de dolor irradiado se encuentran bastante confundidas al principio. Los primeros síntomas les advierten de que algo no está bien, por ejemplo, en la pierna derecha y, sin embargo, no existen problemas ni trastornos asociados a esa extremidad.

Al investigar las causas del dolor, los médicos evaluarán la posibilidad de que se trate de dolor irradiado. Esta circunstancia se daría en los casos en que:

  • Alguna raíz nerviosa se ha comprimido como consecuencia de un impacto de gravedad o un sobreesfuerzo excesivo. Verse involucrado en un accidente de coche, llevar a cabo un levantamiento de peso muy superior al recomendado para nuestras condiciones o, incluso, al dar a luz las mujeres, son alguna de las causas de que suceda.
  • Un problema de salud como, por ejemplo, una hernia discal o un trastorno como la ciática, pueden estar causando la compresión de la raíz de un nervio.

En cualquiera de los casos, lo que el paciente nota es un dolor fuerte, intenso y difícil de describir. El dolor irradiado, además de la molestia de diferente intensidad según el paciente, también puede causar otros síntomas, que se dan por separado o de forma combinada en algunos casos, y entre los que destacan:

  • Pérdida de la fuerza o sensación de debilidad en esa parte del cuerpo.
  • Alteración de la sensibilidad en el área, hasta el punto de de no poder reaccionar antes estímulos como pinchazos o pellizcos.
  • Disminución de los reflejos en esa extremidad, que tarda más de lo habitual en reaccionar pudiendo llegar, incluso, a hacerlo mucho después de recibir el input.

Lo que es común a todos los casos es que el paciente no nota el dolor en la zona donde la raíz nerviosa está sufriendo esa compresión que la irrita, sino en la zona de cuya sensibilidad se ocupa ese nervio.

Es importante tratar de ser conscientes de la molestia que origina el dolor irradiado desde el primer momento. Cuanto antes se ponga remedio, mayor alivio sentirá el paciente, menos sufrimiento tendrá que soportar y menores probabilidades habrá de que se repita el mismo cuadro. Por eso, en cuanto que los síntomas sean claros y se descarten otras causas, habrá que acudir al médico, para que pueda prescribir el tratamiento más indicado.

 

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