Espondilitis Anquilosante: causas y tratamientos

26.09.2018

La espondilitis anquilosante se considera también un tipo de artritis de la columna vertebral. Es una enfermedad reumática que causa inflamación en las articulaciones de la columna vertebral y de la zonas lumbar y sacra. Esta patología provoca hinchazón entre las vértebras.

espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante se conoce por sus siglas EA. En cuanto a su terminología, “espondil” significa “dorsal”. Y el término “itis” significa inflamación. Finalmente, la palabra “anquilosante” se refiere a la rigidez que provoca.

La inflamación que provoca en las vértebras produce dolor y rigidez. Lo más común es que estos síntomas empiecen en la parte baja de la espalda y vayan progresando hacia la columna vertebral y las cervicales. En fases avanzadas de la enfermedad, las vértebras afectadas pueden llegar a fusionarse en la parte ósea, lo cual desemboca en una columna rígida e inflexible.

Los hombres la sufren en mayor medida que las mujeres. Aunque lo habitual es sentir un dolor constante, en algunos casos los síntomas aparecen y desaparecen. Es habitual que los primeros síntomas aparezcan en la niñez y en la juventud.

Causas de la espondilitis anquilosante

A día de hoy se desconocen las causas de esta patología. Hay expertos que hablan de causas genéticas. De hecho, se ha encontrado un gen que se encuentra en la mayoría de las personas afectadas por esta enfermedad.

Mientras que otros atribuyen las causas a infecciones en edades tempranas que desencadenarían la espondilitis anquilosante. En este sentido, se han investigado algunos tipos de bacterias que podrían potenciar el desarrollo de la patología.

Síntomas de la EA

Los síntomas que presenta la espondilitis anquilosante son varios, dependiendo de la fase de la enfermedad y de su agresividad:

  • Dolor crónico: sobre todo en las vértebras y en la columna (dorsal y lumbar)
  • Pérdida de movilidad: la rigidez provoca una reducción de la movilidad, sobre todo en piernas, pies y caderas.
  • Problemas respiratorios: en fases avanzadas, la rigidez articular llega hasta el pecho y las cervicales, lo que puede llegar a provocar problemas respiratorios y pulmonares.
  • Inflamación ocular: también en algunos casos avanzados, si la inflamación llega hacia la zona del cuello, pueden darse casos de problemas en la vista.

En definitiva, dependiendo de la afectación en las diferentes zonas de la columna, los síntomas varían. Eso es lógico, ya que cada parte de la columna está conectada con nervios y vasos sanguíneos hacia cada zona del cuerpo. Y si una zona no está correctamente estimulada, los órganos que se encuentran a su alrededor sufren las consecuencias.

Por eso en algunos casos se producen otros problemas colaterales como fiebre, pérdida del apetito, fatiga y problemas cardiovasculares.

Tratamientos

Los tratamientos para la espondilitis anquilosante se reparten entre farmacología, cirugía, rehabilitación y deporte.

Entre los fármacos más comunes para tratar la EA se encuentran:

  • Antiinflamatorios: alivio del dolor y reducción de la inflamación articular.
  • Analgésicos: alivian el dolor.
  • Antirreumáticos: se utiliza para detener el avance de la enfermedad en casos como la EA, el lupus o la artritis psoriásica, entre otras.

La rehabilitación es esencial para los individuos que padecen espondilitis anquilosante. Se basa en realizar los ejercicios físicos recomendados por el reumatólogo.

Por lo que se refiere al deporte, lo mejor son los que fortalecen la espalda. Un deporte muy recomendable es la natación.

El casos más extremos y en cuando otros tratamientos no han surtido efecto, la cirugía es necesaria. Son los casos en los que las articulaciones están muy dañadas y se ha perdido mucha movilidad.

Prevenir es vital

En el momento del diagnóstico de la enfermedad, es muy importante que el paciente lo acepte y sea consciente de sus limitaciones a partir de ahora. Pero también puede tomar una serie de medidas preventivas para no agravar su evolución. Las pautas son:

  • Evitar malas posturas en el trabajo y en casa.
  • Caminar con la espalda y la cabeza rectas.
  • Dormir las horas necesarias en un colchón firme y boca arriba.
  • No usar fajas o corsés que inmovilicen la columna.
  • Evitar cargar ni levantar demasiado peso.
  • No fumar para no empeorar la función respiratoria.
  • Realizar ejercicio físico de forma moderada, siempre que no suponga un exceso.
  • Mantener una dieta y una nutrición saludable.

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