Fascitis eosinofílica: causas y tratamientos

10.12.2019

La fascitis eosinofílica es una enfermedad rara que se caracteriza por la inflamación e hinchazón de la piel y el tejido subyacente de los brazos y las piernas, provocando dolor en las extremidades.

En el post de hoy te explicamos todo lo que debes saber sobre esta enfermedad.

fascitis eosinofílica

Fascitis eosinofílica. ¿Qué es?

Fascitis indica una inflamación de la fascia, un tejido fibroso muy resistente situado entre los músculos que envuelve las estructuras internas, actuando como una malla protectora debido a su resistencia extrema. Eosinofílica, por su parte, se refiere a las altas concentraciones en sangre de eosinófilos, un tipo de glóbulos blancos. Por lo tanto, la fascitis eosinofílica se puede definir como una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la inflamación e hinchazón del tejido que hay bajo la piel y encima del músculo.

Los eosinófilos son leucocitos de tipo granulocito que participan en procesos proinflamatorios. Se trata de una afección poco común que hace que la piel de brazos, piernas, cuello, abdomen o pies se hinche rápidamente.

La fascitis eosinofílica, también conocida como síndorme de Shulman, puede confundirse con la esclerodermia, pero no tienen ninguna relación. Se diferencia de ésta en que la fascitis eosinofílica no afecta a los dedos, ya que la fascia no los recubre.

Causas

No se conocen las causas de esta enfermedad. Aún así, puede deducirse que se debe a una actividad anormal de los medidores proinflamatorios, alterando el grosor de la fascia y causando molestias.

Como decíamos anteriormente, las personas que padecen esta afección tienen una acumulación de eosinófilos en los músculos y tejidos, que están asociados con reacciones alérgicas.

La fascitis eosinofílica afecta principalmente a hombres de mediana edad, aunque también la pueden padecer mujeres y niños.

Síntomas y diagnóstico

Los primeros síntomas son similares a los de cualquier enfermedad inflamatoria: dolor, hinchazón e inflamación. Pero en el caso de la fascitis eosinofílica se observa rápidamente un endurecimiento de la piel y de los tejidos subcutáneos. Aunque es más común en brazos y piernas, también puede verse afectada la piel de la cara, el tórax y el abdomen.

Los síntomas más comunes de esta enfermedad es la fatiga, que aparece como consecuencia del dolor muscular y articular, así como por el descenso del número de glóbulos rojos y de plaquetas en el torrente sanguíneo; y una evidente pérdida de peso debido a la reducida movilidad que desencadena esta patología.

Otro de los síntomas es una característica piel de naranja en las palmas de las manos que puede extenderse a cara o cuello.

Muchas de las personas afectadas por esta enfermedad también ven reducida la movilidad de sus extremidades debido a la aparición de artritis.

También puede presentarse dolor muscular, aunque la potencia muscular se mantiene intacta, y en algunos casos se ha descrito la aparición del síndrome del túnel metacarpiano.

A través de la observación de esta sintomatología y de la realización de diversas pruebas se realiza el diagnóstico de la fascitis eosinofílica.

Las pruebas más eficaces para diagnosticar esta patología son la resonancia magnética de las extremidades para observar la zona más afectada, y una biopsia cutánea completa que incluya todas las capas de la piel hasta el músculo.

Tratamiento

En casos de fascitis eosinofílica se utilizan corticosteroides y otros medicamentos inmunodepreseores para aliviar los síntomas. Los antiinflamatorios no esteroides también pueden ayudar a reducir la sintomatología.

Es importante que el tratamiento se inicie lo más pronto posible para evitar cicatrización, pérdida de tejido (atrofia) y contracturas, ya que los corticosteroides no pueden curar el tejido que ya está atrofiado y cicatrizado.

En el caso de contracturas y síndrome del túnel carpiano puede ser necesario tratamiento quirúrgico.

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